Léxico sexista: se busca.

1. Vamos a perseguir palabras con significado machista. A modo de ejemplo, tenemos la palabra "femenino". Si buscáis esta palabra en el diccionario de la RAE veréis que la 6º acepción dice 'débil, endeble'. Este significado es sexista. Lo que no quiere decir que la palabra lo sea; es sexista esa acepción. Así que, en realidad, no perseguimos palabras, sino acepciones que tienen las palabras
2. ¿Por qué es sexista esa acepción? Tal vez algunos necesiten una respuesta a una cuestión tan evidente... Como sabéis, los significados de las palabras no son invariables, cambian con el paso del tiempo (como todo; hasta las piedras cambian...). Los cambios de significado (cambios semánticos) se originan por muchas razones, a veces confluyentes. Entre otras, podemos citar causas psicológicas, culturales-ideológicas, sociales, etc. Seguro que lo habéis estudiado en cursos anteriores (2º de la ESO). Recordad que los tabúes y sus eufemismos se entienden en este contexto de funcionamiento semántico. En el caso de la palabra "femenino", la acepción sexista lo es porque 'hiere' la manera de entender la igualdad de géneros, que es propia de la mentalidad y la cultura contemporánea. En otras épocas (incluso hasta hace muy pocos años) los hablantes no eran conscientes del significado sexista de esta acepción, sencillamente porque no había conciencia de igualdad de géneros. Hoy en día la mayor parte de los hablantes (no todos, pero sí la mayoría) tienen esa conciencia y se resisten a admitir ciertos significados como el que comentamos.

3. ¿Qué podemos hacer cuando descubrimos este tipo de significados? Muy sencillo: denunciarlo. ¿A quién? A la RAE, que es la institución que "limpia, fija y da esplendor" al idioma. En este caso la labor de la RAE sería de limpieza: se hace preciso podar el diccionario, eliminar todo rastro de sexismo para que el árbol del idioma (que es árbol de conocimiento) se robustezca y crezca sano y hermoso para bien de todos.
4. Con esta intención, abrimos un FORMULARIO para que denunciéis las acepciones sexistas que encontréis en el diccionario de la RAE. Hay que rastrear como buenos sabuesos investigadores detectives privados a la BUSCA y captura de esos significados que son como pedradas al buen gusto y al sentir común de la sociedad en que vivimos.


5. LA RECOMPENSA * . Un Lamborghini  'Sesto elemento', para el que más acepciones haya capturado.


CUMPLIMENTA EL SIGUIENTE FORMULARIO Y ENVÍA


*Coche teledirigido. Tres años de garantía. LGA Tested 3061465 Toy Safety. Dependiendo de las existencias del mercado. En cualquier caso, canjeable por dos Positivones de Lengua

Celestina. Retrato.

Una opinión sobre Celestina. ¡A ver si no es para andarse con cuidado con una mujer así! ¡Es que hay que ser muy tonto o estar muy desesperado para pedir consejos - y mucho menos servicios -  a un personaje como este! Así que no es de extrañar que todo el que tuviera relación con ella acabara mal, muy mal... ¿Qué pensáis?

[...]
CALISTO.-  Y tú, ¿cómo lo sabes y la conoces?

PÁRMENO.-  Saberlo has. Días grandes son pasados que mi madre, mujer pobre, moraba en su vecindad, la cual, rogada por esta Celestina, me dio a ella por sirviente; aunque ella no me conoce por lo poco que la serví y por la mudanza que la edad ha hecho.

CALISTO.-  ¿De qué la servías?

PÁRMENO.-  Señor, iba a la plaza y traíale de comer, y acompañábala, suplía en aquellos menesteres que mi tierna fuerza bastaba. Pero de aquel poco tiempo que la serví, recogía la nueva memoria lo que la vieja no ha podido quitar. Tiene esta buena dueña al cabo de la ciudad, allá cerca de las tenerías, en la cuesta del río, una casa apartada, medio caída, poco compuesta y menos abastada. Ella tenía seis oficios; conviene saber: labrandera, perfumera, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, alcahueta y un poquito hechicera. Era el primero oficio cobertura de los otros, so color del cual muchas mozas de estas sirvientes entraban en su casa a labrarse y a labrar camisas y gorgueras, y otras muchas cosas. Ninguna venía sin torrezno, trigo, harina o jarro de vino, y de las otras provisiones que podían a sus amas hurtar; y aun otros hurtillos de más cualidad allí se encubrían. Asaz era amiga de estudiantes y despenseros y mozos de abades. A éstos vendía ella aquella sangre inocente de las cuitadillas, la cual ligeramente aventuraban en esfuerzo de la restitución que ella les prometía. Subió su hecho a más, que por medio de aquéllas comunicaba con las más encerradas hasta traer a ejecución su propósito. Y aquéstas, en tiempo honesto, como estaciones, procesiones de noche, misas del gallo, misas del alba y otras secretas   -B [Iv]-   devociones, muchas encubiertas vi entrar en su casa. Tras ellas hombres descalzos, contritos y rebozados, desatacados, que entraban allí a llorar sus pecados. ¡Qué tráfagos, si piensas, traía! Hacíase física de niños, tomaba estambre de unas casas, dábalo a hilar en otras, por achaque de entrar en todas. Las unas, «¡Madre acá!», las otras, «¡Madre acullá!», «¡Cata la vieja!», «¡Ya viene el ama!»; de todos muy conocida. Con todos esos afanes nunca pasaba sin misa ni vísperas, ni dejaba monasterios de frailes ni de monjas; esto porque allí hacía ella sus aleluyas y conciertos. Y en su casa hacía perfumes, falsaba estoraques, menjuí, animes, ámbar, algalia, polvillos, almizcles, mosquetes. Tenía una cámara llena de alambiques, de redomillas, de barrilejos de barro, de vidrio, de arambre, de estaño, hechos de mil facciones. Hacía solimán, afeite cocido, [...] Hacía lejías para enrubiar, de sarmientos, de carrasca, de centeno, de marrubios, con salitre, con alumbre y milifolia y otras diversas cosas. [...] Los aceites que sacaba para el rostro no es cosa de creer: de estoraque y de jazmín, de limón, de pepitas, de violetas, [...] y un poquillo de bálsamo tenía ella en una redomilla que guardaba para aquel rascuño que tenía por las narices. Esto de los virgos, unos hacía de vejiga y otros curaba de punto. Tenía en un tabladillo, en una cajuela pintada, unas agujas delgadas de pellejeros e hilos de seda encerados, y colgadas allí raíces de hojaplasma y fuste sanguino, cebolla albarrana y cepacaballo. Hacía con esto maravillas que, cuando vino por aquí el embajador francés, tres veces vendió por virgen una criada que tenía.

CALISTO.-  ¡Así pudiera ciento!

PÁRMENO.-  ¡Sí, santo Dios! Y remediaba por caridad muchas huérfanas y erradas que se encomendaban a ella. Y en otro   -B IIr-   apartado tenía para remediar amores y para se querer bien. Tenía huesos de corazón de ciervo, lengua de víbora, cabezas de codornices, sesos de asno, tela de caballo, mantillo de niño, haba morisca, guija marina, soga de ahorcado, flor de hiedra, espina de erizo, pie de tejón, granos de helecho, la piedra del nido del águila y otras mil cosas. Venían a ella muchos hombres y mujeres, y a unos demandaba el pan do mordían; a otros, de su ropa; a otros, de sus cabellos; a otros, pintaba en la palma letras con azafrán; a otros, con bermellón; a otros daba unos corazones de cera llenos de agujas quebradas, y otras cosas en barro y en plomo hechas, muy espantables al ver. Pintaba figuras, decía palabras en tierra. ¿Quién te podrá decir lo que esta vieja hacía? Y todo era burla y mentira.

CALISTO.-  Bien está, Pármeno, déjalo para más oportunidad. Asaz soy de ti avisado, téngotelo en gracia. No nos detengamos, que la necesidad desecha la tardanza. Oye. Aquélla viene rogada, espera más que debe. Vamos, no se indigne. Yo temo y el temor reduce la memoria y a la providencia despierta. ¡Sus! Vamos, proveamos. Pero ruégote, Pármeno, la envidia de Sempronio, que en esto me sirve y complace, no ponga impedimento en el remedio de mi vida, que si para él hubo jubón, para ti no faltará sayo. Ni pienses que tengo en menos tu consejo y aviso que su trabajo y obra, como lo espiritual sepa yo que precede a lo corporal. Y puesto que las bestias corporalmente trabajen más que los hombres, por eso son pensadas y curadas, pero no amigas de ellos. En tal diferencia serás conmigo en respeto de Sempronio, y so secreto sello, pospuesto el dominio, por tal amigo a ti me concedo.

PÁRMENO.-  Quéjome, señor, de la duda de mi fidelidad y servicio, por los prometimientos y amonestaciones tuyas. ¿Cuándo me viste, señor, envidiar, o por ningún interés ni resabio tu provecho estorcer?
[...]

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